29.7.20

HABLEMOS DE BALADA DE PÁJAROS CANTORES Y SERPIENTES



Ya, por fin he leído la precuela de Los Juegos del Hambre, la protagonizada por el que fue el presidente Snow y que en esta historia es solo un chaval de 18 años que no sabe lo que le espera. Y si, aquí va a haber spoilers, porque para hablar bien de este libro, de lo que he pensado mientras lo leía y la sensación que me ha dejado al terminarlo, tengo que destriparlo de cabo a rabo, o quizás no tanto, pero si más de lo que le gusta a la gente normalmente en una reseña...  pero bueno, merece la pena, y porque lo que ha hecho Suzanne Collins con esta historia me parece más que bueno, aunque no le faltan sus peros.

Estamos en el Capitolio, sesenta y cuatro años antes de los primeros Juegos del Hambre que conocemos y diez años después de la guerra de los Distrtitos contra el Capitolio. Un Coriolanus Snow de 18 años se está preparando para un día clave en su vida, el día que hará que todo vuelva a ser como era: los Snow, caídos en desgracia y habiendo perdido su lustre como consecuencia de una mala inversión durante la guerra, volverán a tener el poder económico que les ha sido arrebatado. Para ello, tendrá que ir a la Universidad, y la única manera de permitírselo es dando una buena impresión en su mentoría en los décimos Juegos del Hambre. Porque si, en esta ocasión, como algo especial por ser un décimo aniversario, los alumnos del último curso de la Academia, la institución más prestigiosa del Capitolio para jóvenes estudiantes, serán los encargados de mentorizar a cada tributo de ese año. Así pues, 24 estudiantes para 24 tributos, o mejor dicho, 24 tributos para 24 estudiantes. Coriolanus es el único de ellos que no puede permitirse entrar en la Universidad, así que de esto depende su futuro. Pero cuando le encomiendan a la tributo del distrito 12, todas sus esperanzas desaparecen y tiene que volver a formular un plan. Es una chica, no está bien alimentada porque procede de uno de los distritos más pobres y bueno, está en desventaja contra todos los demás. Es una humillación para él que ese sea el tributo que le han adjudicado, pero no tardará en poner las cartas a su favor.
Esto es un poco de lo que trata en principio la precuela. Y digo en principio porque la verdad es que hay mucho más. Hay que desgranar muy bien varios puntos porque, al igual que la trilogía original, Suzanne Collins ha conseguido transmitir ideas muy claras con un personaje tan peligroso y mezquino como Snow. Porque si, aunque al principio podamos casi empatizar con él y su situación, no tardaremos en darnos cuenta de que Snow no ha llegado a donde llegó por ser una víctima manipulada de su entorno, si no que tuvo elección, siempre la tuvo, y por supuesto, eligió lo que le convenía a él y a sus intereses ideológicos.


Lucy Gray Baird, así se llama la tributo del distrito 12. Tenía miedo de la presentación de este personaje, de cómo resultaría ser, un reflejo desdibujado de Katniss. Creo que muchos teníamos esa duda. Pero cuando se presenta el personaje, ya vemos que no tiene nada que ver con ella.
Me gusta Lucy Gray y me gusta lo que hace Suzanne Collins con Lucy Gray en la novela. Porque si, evidentemente, entre Snow y Lucy Gray se crea una historia de amor, pero... es que no es una historia de amor.

Para hablar de esta historia hay que tener muy claro como es Coriolanus en este relato. Si, no tiene dinero, su familia ha perdido el prestigio y comparado con sus compañeros, es un muerto de hambre. Pero eso no le convierte en buena persona, no le convierte en alguien con quien puedas empatizar, porque el germen del Snow que ya conocemos ya está en Coryo, así es como su prima Tigris le llama (si, esa Tigris), y todo esto reluce en cuanto empieza a establecer relación con su tributo. Porque para Snow Lucy Gray es suya, y su supervivencia no le trae más beneficio que la posibilidad que él pueda ir a la Universidad, y aunque dice que se acaba enamorando de ella, lo que sigue sintiendo es una profunda posesión. Durante los Juegos, pocas veces piensa en Lucy Gray, no siente una preocupación real, y por supuesto, tiene una costumbre de remarcar que ella NO ES DE LOS DISTRITOS que demuestra que Coriolanus piensa que los Distritos son eriales animales y el Capitolio la auténtica civilización ¿y cómo si no iba a sentir amor (o lo que el cree que es amor) por una chica del 12? Imposible, ella solo tuvo mala suerte y quedo atrapada allí, pero en realidad... en realidad podría ser incluso del Capitolio. Es nauseabundo ver como Snow intenta justificar cada acción, cada pensamiento en favor del Capitolio pero no solo eso, acciones y pensamientos fascistas, que reflejan que  de verdad piensa que es superior a esos chicos de los Juegos, que son unos salvajes.

Así es como se establece esta historia de amor que, por supuesto, yo no creo que Lucy Gray estuviera enamorada de él y se dejara engañar, ni mucho menos. Lucy Gray es una víctima, arrojada a una matanza, en la que tiene que sobrevivir y su única posibilidad es un chico que dice estar enamorado de ella. Supervivencia, ni más ni menos. Coryo sintiendo que Lucy Gray es de su propiedad, Lucy Gray, viendo en Coryo la única posibilidad de sobrevivir en la trampa mortal que son los Juegos del Hambre. Sencillamente, la actitud de Lucy Gray no la podemos ver tan claramente porque, aunque este narrado en tercera persona, en todo momento estamos en la cabeza de Snow, son sus sentimientos e impresiones las que conocemos. Pero si nos fijamos en los actos de Lucy Gray, en las pequeñas pistas que se nos dejan, esta muy claro: ella no le quiere, solo quiere volver al Doce viva.

También, para entender a Corionalus y ver de una vez por todas que siempre ha sido como es, tenemos que hablar de Sejanus Plinth. Mi pobre Sejanus. Sejanus, el hijo de un magnate del Dos que pudo comprar su acceso al Capitolio y que jamás se sentirá parte de él, y que jamás verán los demás como parte del Capitolio, siendo además visto como un traidor a los ojos de sus compatriotas del Dos. De Sejanus Corionalus no piensa nada bueno. No le gusta que venga del Dos, que su familia lo haya perdido todo y que una familia de los Distritos haya llegado al Capitolio ¡cómo se atreven!, no le gusta que tenga objeciones sobre los Juegos y le parezcan una monstruosidad e incluso piensa que intenta eclipsarle cuando al ir a visitar a su tributo, le ofrece comida, en lugar de pensar que realmente quiere alimentarle y ayudarle, no como él, que sus relaciones con Lucy Gracy desde el principio empezaron por su propio y único interés. Le gusta pensar que Sejanus es tan retorcido y malpensado como el, que todo lo hace por su propio interés, y que cuando se opone a ciertas ideas (los Distritos son unos salvajes, el castigo de los Juegos está justificado...) lo hace o porque es estúpido o por quedar por encima de los demás de una manera moral. Pero no, Sejanus y Coryo no tienen nada que ver, y sin embargo, cuando Coryo ve que llevarse bien con Sejanus le puede beneficiar, no duda en hacerlo, y Sejanus, el pobre, cae engañado y piensa de verdad que son amigos... como hermanos.

Hablo muchísimo de Snow aquí, pero es que de Snow trata esta novela. Y me parece que Collins lo ha hecho genial. En los dos primeros capítulos casi te engaña y te hace creer que Coriolanus es bueno, o decente al menos, pero en nada te das cuenta de que no es así, y según avanzan las páginas... todo es peor. Si quieres que las cosas le salgan bien, es por la supervivecia de Lucy Gray, o por Sejanus, o por cualquier otro personaje que si se lo merezca y dependa de él. Pero cuando se llega al último tercio de la novela, ahí personalmente no podía más que desearle lo peor, porque ya nadie dependía de él, y porque sabes que haría lo que fuera por ascender y volver a recuperar el "buen nombre" que tuvo su familia, llevándose a cualquiera por delante.

Pero vamos a cambiar de tercio y hablemos de un par de cosas que me han gustado de la historia: los sinsajos, las saetas y la Bandada. Cuando llegan al Doce, empezamos a ver una serie de guiños muy bien construidos hacia la trilogía original. Conocemos el odio de Snow por los Sinsajos, su origen. Vemos también la historia del árbol del ahorcado, y por qué se prohibió la canción. Y la Bandada, la familia de Lucy Gray, un grupo de artistas que se ganan la vida dando conciertos. Aquí se puede especular con que alguno de ellos fuera el antepasado de Katniss ya que todos provienen de la Veta y su padre cantaba de tal manera que los sinsajos se paraban a escucharle, al igual que sucede con miembros de la Bandada. Si esto es cierto o no, quedará al aire, pero a mi me gusta pensar que si.
Aquí también se nos muestra el origen de muchas cosas que se ven en la trilogía original, vemos como eran al principio los Juegos del Hambre, muchísimo más rudimentarios, vemos que los cambios que vinieron después fueron consecuencia directa de todo lo que salió mal en estos. Y es super interesante, porque no lo hacen de un plumazo, si no que a lo largo de la novela se van planteando todos los problemas que van surgiendo y al final es cuando se decide como solucionarlo. Y asi es como llegamos a ver los Juegos de Katniss, que poco tienen que ver con los de Lucy Gray.


No es una precuela innecesaria, para nada. Es cierto que el ritmo decae en un par de ocasiones, pero aún así lo que se cuenta amplia un universo, una historia que si bien en un principio podríamos creer que iba a estar hecho deprisa corriendo y mal, las piezas que crea Collins encajan tan bien y de manera tan natural que se nota que, aunque haya sido por la pasta ¿que más da? Está bien escrito, bien encajado y lo ha convertido en una historia necesaria, algo que otras autoras (tose) no pueden decir.

Podría hablar mucho más de las acciones de Coryo, de todo lo que me ponía nerviosa, de todo lo que demuestra que no es un personaje construido para que empaticemos con el como mucha gente, de manera incomprensible, ha entendido. Pero la verdad es que no me apetece, solo quiero que leáis el libro y descubráis el resto por vosotros mismos, porque merece la pena.


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