26.1.19

¿Y SI FUÉRAMOS NOSOTROS? DE BECKY ALBERTALLI Y ADAM SILVERA

Título: ¿Y si fuéramos nosotros? | Autores: Becky Albertally y Adam Silvera  | Editorial: Puck | Traducción: María Celina Rojas | Precio: 15'20€

Hacía mucho, pero mucho que no reseñaba una novela. Y mucho que no leía algo juvenil. Y joder, yo que pensé que con Silvera y Albertalli no podría fallar... me equivoqué. Recuerdo cuando leí Simon Vs. The Homo Sapiens Agenda (posteriormente conocido como Love, Simon) bastante antes de que se publicara en España. Me entusiasmó, me encantó, y aunque no todo fue perfecto, me deshice en elogios. Deseaba que se tradujera lo antes posible en España. Lo mismo me pasó con More Happy Than Not, de Silvera, del que no hice reseña pero que me dejó fascinada igualmente. Un par de años después repetí con ambos autores, y aunque Albertalli siguió deleitándome con sus historias, Adam Silvera me decepcionó muchísimo con su Solo Quedó Nuestra Historia. Aún quiero leer Al Final Mueren Los Dos, pero ya no con las mismas ganas que antes.

Y entonces anunciaron esta novela conjunta y me emocioné. Se me pasó comprarla en inglés, y cuando salió en castellano fue una sorpresa. Cuando llegó a mis manos, hice lo que llevaba casi un año esperando, devorarlo de cabo a rabo. Pero según pasaba las páginas, me decepcionaba más y más.

¿Y si fuéramos nosotros? trata de dos chavales que se conocen durante un verano en Nueva York. Arthur está allí de vacaciones y haciendo prácticas en el despacho de abogados de su madre. Él es de Georgia, así que cuando acabe el verano, tendrá que volver. Ben, por su parte, acaba de romper con su novio y está atrapado en el instituto de verano con el. Vamos, lo ideal. Pero estos dos chicos se acabaran conociendo por casualidad en la oficina de correos. Ben, que está enviando las cosas de su exnovio. Arthur, que ha visto a un chico guapo y ha decidido seguirlo sin saber bien por qué. Se conocen, parece que todo va bien pero... entonces Ben desaparece y Arthur no sabe ni su nombre. Ambos se arrepentirán de no haberse pedido el número durante unas 150 páginas, mientras se buscan mutuamente con las pocas pistas que tienen el uno del otro. Arthur, la etiqueta de envío de la caja del ex novio de Ben. Ben, el dato de que Arthur trabaja en un despacho de abogados y que aspira ir a Yale. Lo que viene a ser... poco. Pero se acaban encontrando, por supuesto. Porque el destino o alguna mierda de esas. El Universo, que conspira, ya sabéis. En fin.

Está claro que estamos frente a un instalove desde el momento antes de abrir el libro, así que yo ya sabía o más bien, podía hacerme una idea de lo que podía encontrarme. Así que mi queja no es esa, en absoluto. Mi queja se centra en un millón de cosas y es que si un instalove ya de por si suele ser algo que deja que desear, aquí lo han hecho todo tan MAL que no se cómo es posible haber superado cualquier novela de fantasía juvenil en la que los protagonistas al minuto están retozando salvajemente en una cama con dosel.

Para empezar esta la absoluta falta de química entre ambos personajes. Tienen que tener TRES PRIMERAS CITAS para que una les salga bien, y no porque las circunstancias jueguen en su contra, no, si no porque las citas salen mal porque ellos no encajan. No encajan, lo único que hay entre ellos es atracción sexual, pero se empeñan en transformarlo en una maldita historia de amor. A ver, os queréis comer los morros y os gusta tontear, es normal, totalmente ciento por ciento normal. Lo que no es normal es forzar la máquina a esos niveles. Arthur tiene idealizado a Ben, quiere quererlo y que le quiera pero no hay nada de eso ahí, NO LO HAY.  Y Ben... Ben es desagradable hasta el extremo, borde, insoportable y no deja de pensar en Hudson, su ex. Es que por favor, acabas de conocer a un chico y  ya pretendes que sea el amor de tu vida o algo así y encima el otro aún no ha superado su más que reciente ruptura con alguien al que ve todos los putos días en clase. ¿Qué podría salir mal?
Pero tranquilos que oh, a la tercera primera cita (o a la cuarta, no lo sé ya, sinceramente) se obra el milagro, de repente están hechos el uno para el otro y no tardan ni un día en presentarse a los padres del otro. Todo super normal, vamos. Que si. Que me lo creo.

Luego está el tema de la escritura de los personajes. Os juro que había momentos, si tenemos que contabilizarlos yo diría la mayoría de ellos, en los que era incapaz de distinguir quién estaba narrando en ese momento la historia, si Ben o Arthur. Porque claro, es un libro con dos POVs, pero joder, si existe este problema con dos personajes tan diferentes entre sí, es que estamos jodidos. Si solo soy capaz de averiguar que el narrador es Ben porque está en el instituto o es Arthur porque está en el despacho de abogados, vamos apañados. Eso y la mención a sus correspondientes amigos, pero es que joder, os lo prometo, había veces que en un mismo capítulo no sabía quien estaba narrando y quién era el personaje secundario del mismo estando ambos en escena. Un puto cáos, vamos.

Si seguimos con cosas negativas, que hoy me he levantado contenta se ve, podemos añadir el millón y medio aprox. de referencias a cosas como Harry Potter (SOBRE TODO HARRY POTTER, BASTA YA) Star Wars, Pokémon y un montón de musicales de Broadway que ni he escuchado ni me interesa escuchar. Es que esto es un problema que veo muy a menudo en libros juveniles en su mayoría, y es la saturación de referencias inútiles a un montón de elementos de la cultura pop más que manidos y que en el  momento están muy de moda. Pero una cosa es que algo este de moda y otra cosa es prácticamente basar la personalidad de tus personajes en eso. Coño... si hasta Ben escribe un fanfic que es un self insert en un mundo calcado al de Harry Potter. Que esa es otra ¿qué inquietudes tiene Ben? Vale, escribe un fic, y se habla de ello en unas pocas páginas pero... ya. ¿Y Arthur, además de su pasión por el musical Hamilton y su amor exacerbado por Barack Obama (si, Barack Obama, agüita)? Es que no hay por dónde cogerlos. Es todo cuanto sabemos. Que les gustan cosas, cosas que a todo el mundo le gustan. Joder es que más planos no pueden ser.

Los únicos personajes que pueden parecer más divertidos y únicos son Dylan y Samantha, uno el mejor amigo de Ben y la otra, su interés romántico ¿Y sabéis que es lo que les define y lo que les une? Su amor por el café. Es que tal cual no hay más, no sabemos más. Café. Cafeterías. Camisetas de cafeterías. Joder si es que Dylan conoce a Samantha en la cafetería en la que ella trabaja. Es acojonante, acojonante de verdad.

Y después de todo esto ¿pretenden hacerme creer que la historia de Arthur y Ben es preciosa y que a pesar de todo, están predestinados y todas esas mierdas? Mira por favor, no me toméis el pelo. Si es que me he acabado hasta cabreando. No es para menos.

Destacaría cosas positivas si las hubiera, pero no las hay. Me ha entretenido y cabreado a partes iguales, lo cual no está del todo mal, pero joder. Si eso es lo único positivo que puedes decir de un libro... me cago en la hostia.

En fin, no se, me he quedado muy a gusto con esto, si a vosotros os ha maravillado me alegro un montón, pero me da que este ejemplar se va directo a la caja de donaciones de la biblioteca.

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