8.12.18

OBSCENIDAD DE ROKUDENASHIKO


Título: Obscenidad | Autora: Rokudenashiko | Traducción: Santiago García | Editorial: Astiberri | Precio: 16€

Japón, el país del lolicon, del eroguro, del shunga, del shibari, del hentai, de las máquinas expendedoras de bragas usadas, de la Hitachi Magic Wand. Japón, ese país tan reprimido sexualmente que explota por los cuatro costados, un país que ha tenido que recurrir a vagones de metro exclusivos para mujeres para evitar el acoso que se daba camino al trabajo o a la escuela. Japón, un país que venera al pene (literalmente tienen una festividad dedicada a ello, llamada Kanamara Matsui (el festival del Falo de Acero) en la que pasean un enorme pene de metal de tres metros de altura por la calle. Japón. Un país que arresta a una mujer por hacer moldes de su vulva y hacer arte con ellos. De esto trata Obscenidad.

En 2014, Megumi Iragashi, más conocida por su nombre artístico Rokudenashiko, fue detenida por delito de obscenidad. Así, como suena. Su crimen fue hacer una canoa con la forma de su vulva con una impresora en 3D, financiando su proyecto a través de crowdfunding y dando como recompensa a aquellos que hubieran aportado un enlace de descarga a un archivo vectorial de su vulva para que crearan su propio arte a partir del mismo.

Rokudenashiko llevaba ya un tiempo haciendo su arte manko, como ella lo denomina (manko en japonés es chichi, coño, etc) algo que no todo el mundo comprendía. Algunos lo veían como algo terrible, otros, como una invitación sexual, otra gente como una ida de olla graciosa y a otras personas les encantaba simplemente por lo que era. Pero en Japón el manko no está bien visto, y difundir según que material (con consentimiento, por supuesto) que en occidente se vería de lo más normal o como mucho, curioso, es un delito penado por la ley.

En Obscenidad se cuenta, sin meterse en las morbosidades de la diferencia entre nuestra cultura y la japonesa, el proceso de Rokudenashiko con su pelea contra la ley para poder seguir creando su arte, salir de la cárcel y demostrar que lo que hace es inofensivo. Y lo mejor de todo es que lo cuenta ella a través de las viñetas. Al ser una historia autobiográfica tenemos enfrente el testimonio de la protagonista, de como vivió todo el proceso penal y además, nos cuenta con bastante detalle como son las prisiones japonesas, algo que siempre esta bien, ya que Japón es un país que se enorgullece de su sistema penitenciario, pero ¿a qué coste? las condiciones de los presos en sus cárceles han sido duramente cuestionadas y acusadas de totalitarismo por parte de asociaciones y organizaciones en favor de los derechos humanos Y tal y como podemos ver, no se exagera: las condiciones de las presas son desde luego, escalofriantes. Ninguna cárcel es divertida, pero el nivel de represión de las cárceles japonesas roza la violación de los derechos humanos.

Japón, un país hipócrita, con una doble moral tan marcada, con fetiches como el lolicon y el shotacon, se escandaliza ante la idea de que una mujer haga un molde de su vulva y lo distribuya a aquellos que han querido apoyar su proyecto. Es cierto, es complicado entender una cultura tan diferente, pero las cosas hay que llamarlas por su nombre y en un país en el que se veneran penes de  metal gigantes, que algo así suceda es como poco injusto y si buscamos una palabra más adecuada, machista.


A lo largo de las páginas de este manga se verá como Rokudenashiko en su defensa, harta de cuidar el lenguaje, cada vez utiliza más una palabra como manko, que para los japoneses es bastante terrible de pronunciar sin sentir vergüenza, pudor o escandalizarse. Es obsceno. Es una palabra obscena. En un país donde la perversión se escapa por la parte de atrás de una manera casi grotesca y moralmente cuestionable (lo que no quita que en occidente tengamos lo nuestro, pero ya se sabe las comparaciones son odiosas etc), una vagina es un delito.

No todo es tan malo, sin embargo, como se ve en el manga, muchas personas en Japón la apoyaron y contó con un extenso equipo de abogados que voluntariamente la defendieron. Algunos de ellos ni siquiera estaban de acuerdo con las actividades de la artista, no obstante, consideraban que se debía tener la libertad para poder hacerlo.

Todo esto le sirvió a Rokudenashiko para escribir un manga contando su experiencia, y meses más tarde volvió a ser detenida bajo las mismas acusaciones. Rokudenashiko y su historia son sin duda, dos rarezas vistas desde nuestro lado del mundo, y una demostración de la misoginia del gobierno japonés. Todo contado con la visión de la autora, con una dosis de mala leche y humor que contrastan con lo narrado en las páginas y hacen que la lectura sea mucho más amena e interesante; pequeñas perlas de conocimiento de la cultura japonesa para que no nos perdamos con determinados conceptos y una entrevista con Sion Sono (director de películas como El Club del Suicidio) hacen que Obscenidad sea una lectura mucho más interesante de lo que puede parecer en un principio, y eso es mucho. Muchísimo.

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