31.5.17

NOS VEMOS EN EL COSMOS DE JACK CHENG


Alex Petroski es un niño de once años obsesionado con la ciencia y el espacio. Su perro se llama como su héroe, el científico Carl Sagan, y su sueño es enviar al espacio un iPod al espacio lleno de grabaciones en las que cuenta su día a día, por si los extraterrestres lo encuentran y así puedan saber un poco más de la vida en la Tierra; algo parecido a lo que hizo Sagan con su Disco de Oro.
Decide que el mejor lugar para cumplir su meta es el FCGAS, un festival de frikis de los cohetes al que personas de todas partes de Estados Unidos acuden una vez al año. Pero esto es solo la punta del iceberg de su aventura. Alex, que comenzó su viaje solo, sin que su familia supiera a donde iba, acaba embarcado en un viaje para buscar a su padre en Las Vegas, que falleció hace ocho años, pero una pista indica que podría estar vivo en la Ciudad del Pecado. Así es como acaba en el coche de Steve y de Zed, un chaval y un hippie que conoció en el FCGAS. Pero evidentemente, en el camino le ocurrirán muchas cosas y conocerá a mucha gente que le aportará cosas nuevas a su vida.

La novela está narrada en primera persona por el mismo Alex. De echo, lo que leemos son las transcripciones de los audios que graba en su iPod de Oro, audios para los extraterrestres. En ellos se cuenta todo el viaje y lo que sucedió después. A veces hay un cambio de narrador y se nota, ya que la voz de Alex es muy infantil incluso para un niño de once años y a veces le llegaba a coger antipatía. No es la primera vez que leo un libro narrado por un niño de unos diez años, pero si que es la primera vez que la voz narradora no funciona para mi. No ya solo por lo ingenuo que puede llegar a ser (que en esas edades cierto grado de ingenuidad es normal) si no porque a veces era tan... pesado. No se como explicarlo. ¿Soy un monstruo odianiños? quizás. Lo que si que puedo decir es que normalmente me encantan las voces infantiles y ver el mundo a través de los ojos de alguien tan joven. Pero esta vez el personaje de Alex no me ha convencido en absoluto, lo cual es una pena.

Pero quitando a un lado esto, el resto del libro me ha gustado mucho. Es curioso ver a través de los ojos de Alex cosas como el slut-shaming, la friendzone, además de elementos del mundo de los adultos, ya que son elementos que aparecen en la novela gracias a sus compañeros de viaje. Lo que es lógico y sencillo para él, para un chaval de veintitantos no lo es tanto. Hay muchos mensajes en esta novela, y el desenlace no lo vi llegar en absoluto, y esto no lo convierte automáticamente en un buen final, pero creedme, es un buen final. Y es que esta hubiera sido una lectura genial con la que habría disfrutado muchísimo si hubiera llegado a conectar con Alex de alguna manera. No ha sido el caso. En las escasas ocasiones en las que la voz narrativa cambiaba, lograba conectar mucho más con la historia, porque sentía que ese personaje si que estaba bien construido.

Una pena que se haya quedado en tan poquita cosa para mi. Y es que este tipo de narradores son una tómbola: o te gustan mucho o los odias.

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