21.4.17

NO ME CUENTES CÓMO TERMINA LA HISTORIA DE CARLOS CARRANZA


No sé muy bien qué me empujó a comprar este libro. El título, la portada, la sinopsis... todo desprendía un aire de misterio que me pedía a gritos que me hiciera con él. A veces las corazonadas son una mierda y te llevan a descubrir cosas que jamás debiste conocer. Este no ha sido el caso de No Me Cuentes Cómo Termina La Historia. Bajo una premisa muy típica y humana, la de un chico inadaptado e invisible (y que así prefiere mantenerse) que quiere empezar de cero lejos de su ciudad natal, nos encontramos con una novela llena de personajes y situaciones de lo más cercanas y reales. 

Roque tiene 21 años, y ha pedido el Erasmus a Dijon, Francia, para poder alejarse de Zaragoza y ser él mismo de una vez, sin presiones y sin preocupaciones. Quizás no lo termina siendo de la manera que tenía prevista y quizás conocer gente nueva y abrir sus horizontes no sea ni de lejos sus objetivos a la hora de embarcarse en esta aventura, pero en el viaje en tren coincide con Lola, una chica que, en apariencia, no podría ser más opuesta a él y que habla por los codos. Y para colmo de males, va a parar a la misma ciudad que él, también con una beca Erasmus, así que parece que están condenados a entenderse. Y bueno, lo que en principio es una pesadilla para alguien que solo busca tranquilidad, termina siendo una balsa salvavidas para una persona que necesita ser forzada a salir de su zona de confort y comprobar lejos de su casa si el problema es él, los demás o las circunstancias.

Roque se pasa un año entero en Dijon, y se puede apreciar a la perfección su evolución según pasan los meses, algo que también se nota según vas leyendo el libro. No es de esos en los que transcurre un año pero que al terminar te deja esa sensación de que todos los acontecimientos de la novela han pasado en, como mucho, dos meses. No, aquí el tiempo es el que es, coherente con los acontecimientos y con el desarrollo de personajes y trama.

Para Roque, este año es clave en su vida. Las fiestas, las clases y los compañeros de residencia le muestran un abanico de posibilidades que parecía no tener en cuenta. Aprende a arreglar sus malentendidos a hostias (metafóricas), a confiar en los demás y también aprende a ganarse la confianza de otros. Y a dejarse llevar, eso también es importante. 

Sobre la relación del protagonista con la gente que va conociendo (Logan, Gabriel, Carla, Adrián, Ingrid, Aaron...), me ha gustado especialmente como todos parecen cobrar cierto protagonismo en algunas partes de la historia para luego quedar relegados a un plano más secundario. Igual en otro tipo de novela esto habría sido un punto en contra, pero en este caso lo veo necesario para que la lectura resulte realista. Pensad en un momento en vuestras clases y en toda la gente que hay dentro de ellas. ¿Con cuantas de esas personas habéis vivido momentos únicos e importantes para después acabar cada uno por caminos algo separados pero sin llegar a perder el contacto? Pues es lo que le pasa a Roque. La gente entra y sale de la vida de uno con mucha facilidad, algunos se quedan más, otros quizás no tanto y otros desaparecen por completo. 
Roque conoce a gente, tiene historias con ellos, pero al final, su confidente, su roca, su compañera en la aventura desde antes de que empezara es Lola. Es esa persona que todos tenemos a nuestro lado y que por más amigos que tengamos y por más que nuestras vidas vayan por caminos distintos, sabemos por algún motivo irracional, que siempre va a estar ahí. 
Lo que quiero decir con los secundarios es que si, son amigos de Roque y le aportan muchas cosas (tanto a él como personaje como a la trama de la novela) pero a la vez que su año avanza y crea recuerdos, ellos también lo hacen. Crean sus propias vidas y no se quedan como simples satélites del personaje protagonista. Incluso Lola, que es su mejor amiga, tiene vida más allá de él.

Me he centrado mucho en los personajes, pero también hay otra cosa que me ha gustado mucho y es como se presentan las relaciones sexuales y/o sentimentales en el libro. Se habla de sexo sin tapujos pero tampoco de una manera digna de revista pornográfica o de fanfic yaoi, extremos en los que es muy fácil caer. No es que tenga un problema con las escenas explicitas, es simplemente, que a veces, cuando lees un libro, no te apetece que cada dos por tres se hagan referencias super explicitas del tema, desvía de la lectura y le da una importancia al tema que no la tiene, a no ser que sea una novela erótica. Y por si eso fuera poco, presenta más tipos de relaciones que las cerradas o las heterosexuales sin demonizar las primeras (ni verlas como algo irreal) y sin hacer demasiado hincapié en la naturaleza de las segundas.

El último capítulo me ha encantado, especialmente por la reflexión final: se le da mucha importancia a las primeras veces (un primer beso, la primera mirada que intercambias con alguien, tu primer viaje y si, venga, el primer polvo) pero raras veces le damos la importancia que merecen a las últimas veces que hacemos algo. Porque cerrar una etapa es abrir una nueva. Y para mi siempre han tenido más peso esos momentos que las famosas primeras veces.

Esta novela me habla a muchos niveles. Yo nunca he vivido una experiencia Erasmus, pero si he estado un año viviendo fuera de casa y cuando he vuelto no era la misma persona que cuando me marché. Al igual que Roque, conocí gente, descubrí que relacionarme con los demás no era tan complicado, empecé a dejar que entrara un poco de luz y, aunque nunca dejé de ser yo misma, la diferencia principal es que dejé de esconderme. Creo que ha sido una mezcla de todo: la novela, mi capacidad de conectar con ella por experiencias propias y unos personajes y situaciones muy reales lo que han hecho que este libro me llegara tan adentro. Y puedo afirmar, a mediados de abril aún, que esta novela estará entre mis mejores lecturas de 2017.

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