14.3.17

CARAVAL DE STEPHANIE GARBER


Scarlett y Tella son dos hermanas que viven en la isla de Trisda, bajo el yugo de su padre, Marcello Dragna.
Scarlett lleva años escribiendo a Legend, el artífice de los Juegos de Caraval, pidiéndole que acuda a Trisda de nuevo para que su hermana pequeña pueda disfrutar del espectáculo. Tras siete años insistiendo y sin obtener respuesta, Legend decide contestar a su última carta enviándole tres invitaciones: una para ella, otra para su hermana, y otra para su prometido, ya que está a punto de casarse con un misterioso conde del que no sabe ni su nombre ni su aspecto, solo sabe lo que cuenta en las cartas que le escribe.

Al final, por cosas de la vida, Scarlett y Tella huyen de Trisda junto con un marinero llamado Julián que pasaba por Trisda y ya había participado en Caraval con anterioridad. Así es como Scarlett pierde de vista a su hermana y acaba participando en los Juegos, ya que es la única manera de reencontrarse con ella.

Más o menos ahí está lo necesario para saber de qué trata exactamente el libro que nos traemos entre manos. Caraval es la primera novela de Stephanie Garber, y las ganas de leerla (ya se sabe, el hype...) eran enormes. Por desgracia no ha sido una lectura demasiado buena, y, siendo generosa, tiene un par de puntos a su favor bastante importantes, pero por lo demás, es un libro plano tanto en personajes como ambientación por no decir que realmente, la historia no tiene ni pies ni cabeza. Porque una cosa es escribir fantasía y otra esto. Vamos que de world building este libro se lleva un 0'25 sobre 10 más o menos.

Para empezar, tenemos el universo que ha creado la autora, del cual solo conocemos Trisda y... Caraval. Y ni siquiera los conocemos bien, porque en ningún momento se nos pone en antecedentes ni se nos explica donde narices sucede la acción de manera coherente. Descripciones escasas. Hay castillos y hay playas y hay mar y hay edificios extravagantes pero... ya. Vamos, que podría estar ambientado en los anillos de Saturno y te quedas igual, de verdad. Vaya que supone que es un mundo pseudo medieval con tintes venecianos y magia y carnavales... pero eso no basta para poder ubicar al lector ni de lejos.

Algo similar sucede con los personajes. Son planos, aunque la autora intente recurrir a los giros argumentales para hacerles tridimensionales. Pista: no lo consigue. Estos supuestos giros argumentales no solo es que no sean coherentes, es que se suceden a una velocidad tan vertiginosa que perderse de un párrafo a otro está casi garantizado. Por no hablar ya de los roles patriarcales que se reproducen en la novela: aquí la protagonista ni pincha ni corta. Todo lo que hace o deja de hacer tiene que ver con la voluntad de otro personaje, generalmente (por no decir siempre) uno masculino, lo cual no importaría si todo tuviera un fin y percibieramos contrariedad por parte del personaje, cosa que no solo no sucede, si no que alimenta la fantasía del amor romántico, ese terrible en el que harías cualquier cosa por el tío que acabas de conocer hace cuatro días. Lamentable.

Si nos vamos a la parte de los Juegos, no es que la historia gane en coherencia. El premio en si, un deseo, es absurdo si tenemos en cuenta esta parte:

La siguiente hilera de comercios abandonados contaba con una serie de objetos fantásticos. Estrellas fugaces. Semillas para cultivar deseos. En el Ocular de Odette vendían gafas para ver el futuro (DISPONIBLES EN CUATRO COLORES).
¿En serio? Se supone que el primer premio de Caraval es algo único por el que la gente está dispuesta a competir en un concurso en teoría bastante retorcido y me estás diciendo que el primer premio de esta edición lo puedes cultivar en la terraza de tu casa. Vale. Bien. Todo super coherente.

Pero ya no es solo el hecho de lo absurdo de otorgar un premio supuestamente único que puedes comprar a la vuelta de la esquina, son los Juegos en si. Se supone que la protagonista lo va a tener super difícil, que los interpretes de Caraval van a ponerle mil trabas y que rescatar a su hermana va a ser terriblemente complicado pero no es así. Demonios, solo falta que le señalen las soluciones a las pistas con flechas de neón. Nadie se interpone en su camino, todo el mundo parece querer ayudarla y en ningún momento se encuentra con un problema serio para ganar, y no, las trabas estúpidas que se inventa la escritora según pasan las páginas no son de ninguna manera obstáculos, más bien distracciones tontas que la protagonista podría sortear con los ojos cerrados si no fuera tan tonta del culo.

A destacar positivamente, porque algo bueno tenía que tener, es la utilización de elementos como olores y sabores que hace la autora. Asocia colores y olores a personajes concretos o a momentos de su vida. Así, el olor a lavanda le advierte de que su padre esta ahí, y el morado es poco más que un presagio de muerte. De los sabores habla como si fueran sonidos o colores: comparar un sabor al color del amanecer por ejemplo, es una cosa que se puede hacer, pero se debe hacer bien porque si no quedaría algo bastante pretencioso y mal escrito. Este no es el caso de Caraval, en el que todo este tipo de cosas están escritas de una manera que da gusto leerlas y en ningún momento nos hace dudar de que el sabor de una cucharada de miel pueda ser como el de los primeros rayos del sol de un nuevo día, por decir algo.

Resumiendo, Caraval ha sido una decepción enorme y por muchas cosas buenas que pueda llegar a tener su escritura, eso no cambia que el resto de la novela sea un despropósito descomunal. La autora ha intentado crear algo original y a veces dramático y no ha conseguido ni una cosa ni la otra. No solo el concepto de Caraval no es original, si no que las supuestas partes dramáticas de la novela, incluso cuando se habla de muertes de una manera cruda, resultan irrisorias. Esto sumado a la falta de world building y a unos personajes que dan mas vergüenza ajena que otra cosa, tienen como resultado una novela floja y olvidable. Una lástima.

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