14.6.15

Siempre Hemos Vivido En El Castillo de Shirley Jackson

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.
De esta manera comienza esta novela, que apenas alcanza las 150 páginas: contada desde la perspectiva de Mary Katherine Blackwood. Que importantes son las presentaciones, ¿verdad? Eso Mary Katherine parece saberlo bien. Y he de decir que este libro, tan sencillo y perturbador al mismo tiempo, me ha cautivado por completo.

Mary Katherine vive con su hermana Constance y su tío Julian en la mansión Blackwood. Solo ella sale a comprar, su hermana sufre de agorafobia y su tío Julian esta seriamente perjudicado, en silla de ruedas, tratando de descubrir qué pasó realmente el día que le envenenaron a él y al resto de la familia Blackwood con arsénico, convirtiéndole a él y a las hermanas en los únicos supervivientes de la tragedia. Ese día Mary Katherine se había portado mal y la habían mandado a la cama sin cenar, y Constance, como siempre, se había ocupado de preparar la cena. Todas las sospechas recaen en la hermana mayor, pero esta claro que no todo es lo que parece. El pueblo entero les desprecia, y Mary Katherine les desprecia a ellos también, deseándoles la muerte de una manera abierta, por lo menos en su mente, en más de una ocasión. A parte de eso, viven felices en su mansión, aislados del resto del pueblo, hasta que esta paz se pone en peligro por culpa de Charles, el primo metomentodo que no podía faltar en cualquier familia.
Se estará preguntando usted por el azucarero, me imagino. ¿Todavía lo usan?, se está preguntando; ¿lo han lavado?, podría preguntar perfectamente; ¿lo han limpiado a fondo?
Mary Katherine, a partir de ahora Merricat, pues así la llama su hermana Constance, es uno de esos narradores no fiables de los que podemos estar seguros desde el principio de que muchas de las cosas que nos cuente serán confesiones y amenazas veladas, invenciones o tergiversaciones de la realidad. Vive feliz sin relacionarse con nadie más que con los dos únicos miembros de su familia vivos y su gato Jonas, soñando que vive en la Luna y llevando a cabo sus rituales mágicos para que ahuyentar cualquier cambio que ponga en peligro su rutina perfecta. A pesar de tener dieciocho años, su comportamiento oscila entre la infantilidad y el sadismo, dejando claro que estamos frente a un personaje claramente atípico, por no decir otra cosa, que ofrece más información con lo que no dice que con lo que sí llega a expresar, ya sea cuando interactua con otros personajes o en su propia mente. Para entender lo que Merricat quiere decir en realidad hay que leer entre líneas y hay que hacerlo bien. Su relación con Constance, que no puede abandonar el hogar y cuyo rol de cuidadora la define, llega a veces a rozar lo perturbador. Se protegen la una a la otra, Merricat únicamente hace caso de Constance y en ocasiones, Constance de Merricat.  Además, en la novela podemos ver lo que implica vivir en un pueblo: las habladurías, las burlas y de crueldad. Estás con nosotros o contra nosotros, y esto se refleja perfectamente en las páginas de esta corta historia. A pesar de que el trío protagonista no sea lo más estable del mundo, la situación y el estar dentro de la cabeza de Merricat hace que empatices con ellos, deseando su final feliz, que llega de una manera no menos extraña y sin embargo, no deja de ser adecuado para las hermanas.
Merricat, dijo Connie, ¿una taza de té querrás?
Oh, no, dijo Merricat, me envenenarás.
Merricat, dijo Connie, ¿quieres ir a dormir?
¡Bajo tierra te vas a pudrir!
Estamos frente a un libro extraño pero intenso, que hará que el lector se meta en una piel que vista desde fuera es difícil de comprender, pero que desde dentro puede llegar a despertar incluso ternura. Siempre Hemos Vivido En El Castillo se ha convertido en uno de mis libros favoritos así que no podría dejar de recomendar que le dierais una oportunidad. La edición en castellano, de la editorial Minúscula, aunque es más fea que Picio, trae un posfacio escrito por Joyce Carol Oates de lo más interesante. Leedlo, maldita sea, y si no os gusta, al cuerno con vosotros. Yo me voy a la Luna.

7 comentarios:

  1. Creo que fue uno de los primeros libros que leí en inglés (por eso de que era corto) y me gustó muchísimo, es también de mis preferidos. Merricat es difícil de olvidar <3

    Desde entonces quiero leer algo más de Shirley Jackson, pero aún no me he animado. ¡A ver si este año le pongo remedio!

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    1. Yo lo leí en castellano pero ahora estoy releyéndolo en inglés y es muy sencillito, la verdad, y Merricat es que ay <3
      Yo ya tengo The Lottery esperándome en el Kindle, que es otro de esos libros que prometen, menuda sinopsis. Creo que Shirley Jackson me puede gustar mucho, ya me contarás como te va a ti con ella :P

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  2. Pero qué buena pinta! Con lo de "perturbador" me has terminado de convencer! Gracias por la recomendación ^_^

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    1. Espero que lo disfrutes mucho, es un libro maravilloso <3

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  3. Me ha encantado la reseña, no sé, me ha gustado mucho cómo la has escrito. En cuanto al libro, va a la wishlist de cabeza.

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    1. Ay me alegro que me digas eso porque no sabía por dónde empezar y como enfocarla jajajaj
      Wiiii espero que te guste cuando lo leas ^^
      Un saludo <3

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  4. ¡Hola!

    No conocía este libro hasta ahora, pero me has dejado con la curiosidad... además, eso de que sea tan cortito pues quita pereza a la hora de leerlo.

    Me quedo por tu blog,
    ¡besos!

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